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Cumbre de Shanghái, La Nueva Hegemonía Multipolar Avanza.

El pasado 31 de Agosto dio inicio la 25.ª cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái (SCO) de Jefes de Estado en Tianjin, China. Fue la quinta ocasión en que China aloja esta cumbre y las más grande en la historia del bloque.

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En esta cumbre celebrada en Tianjin participaron los Jefes de Estados de los 10 Estados Miembros (China, India, Rusia, Pakistán, Irán, Bielorrusia, Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán y Uzbekistán), delegaciones de países observadores, socios de diálogo, además del secretario general de la ONU.


Esta cumbre no es un evento menor, se trata de la mayor cumbre regional en el mundo, la cual concentra cerca del 40% de la población en el mundo, ademas la cumbre de Shanghái nos permite ver que el poder en el mundo está cambiando a pasos agigantados, hoy en dia la República Popular de China es un gran actor contrahegemónico el cual propone nuevas formas de gobernanza en el mundo y de relaciones internacionales entre países, lo cual afecta directamente a la clásica hegemonía europea y principalmente estadounidense.

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Pekín defiende una nueva forma de influencia mundial que cambia las dinámicas de poder previamente existentes desde la Guerra Fría, ahora el auge de los BRICS+ y múltiples organismos de cooperación internacional, sumado al surgimiento de nuevas potencias económicas y militares en Medio Oriente y Asia, la creciente cooperación entre los distintos países de Latinoamérica, todos estos factores convergen enormemente en un solo punto, el fin de la hegemonía unipolar americana.


Lenin expuso en su momento que la Primera Guerra mundial estaba definida como una disputa entre diferentes potencias imperialistas, esta guerra se centraba principalmente en el dominio de las diferentes posesiones coloniales y sus respectivas ventajas económicas. Con el fin de la Segunda Guerra Mundial en 1945 esto cambió con la existencia y consolidación de una nueva potencia no capitalista que fue la Unión Soviética, junto con la experiencia trágica de las dos grandes guerras mundiales las ex fuerzas imperialistas tuvieron que unirse para generar una contrahegemonía a la URSS, esta unión dio lugar a una organización jerárquica liderada por Estados Unidos el cual venía de un fortalecimiento económico, productivo, militar y financiero tras la Segunda Guerra Mundial.


Era tal el poder hegemónico imperial de Washington que las demás fuerzas imperialistas no les quedó de otra que subordinarse a esta nueva y gran superpotencia, en la cual veían más favorable para mantener sus propios intereses imperiales particulares al imperialismo mayor. Desde la Casa Blanca se estableció un esquema de poder colectivo, en el cual convergen los diferentes interes imperiales y económicos de Europa, Japón, Australia y Estados Unidos. Washington se convertía en el gran hegemón cuyo paraguas económico y diplomático protegía al resto de imperios, haciendo valer sus respectivos intereses siempre y cuando no chocaran con los de Estados Unidos.


El motor de ese gran poder imperial estuvo potenciado durante décadas, en el cual los imperios no necesariamente competían y todos juntos dominaban las periferias, se repartían los dividendos a través de los organismos financieros globalizadores y se aplastaba tajantemente cualquier tipo de alternativa al sistema capitalista de mercado con su nueva herramienta que fue la globalización, la cual no es más que una nueva forma de capitalismo salvaje a través de la financiarización de los grandes mercados. Con esto en cuenta se puede explicar la necesidad de de aplastar a aquellos que atentaran con estos intereses, como fue la Unión Soviética, China, Vietnam, Laos, Corea, Burkina Faso, Cuba y Chile.

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Hasta la década de los 90 estas eran las dinámicas generales del imperialismo capitalista, en todo el mundo se impidió el triunfo de las experiencias socialistas, se dominaron las periferias, se aplastó cualquier intento de procesos de liberación nacional y de desarrollo economico autonomo en el sur global, se apoyaron a movimientos contrarrevolucionarios en todo el mundo y se logró el colapso de la Unión Soviética. Con Moscú fuera del tablero geopolítico ya no había enemigo supremo para el régimen, momentáneamente ese nuevo enemigo era ahora el terrorismo radical islámico.


Tras la renovada influencia cultural, ideológica, política y económica del bloque imperialista sobre las periferias, emergía China que crecía a niveles acelerados desde los 80, tras el periodo de transformaciones y liberalización de la economía en China, liderado en ese entonces por Deng Xiaoping. Estados Unidos creyó erróneamente que al abrazar algunas políticas liberales y capitalistas en la economía china, abandonarían por completo las políticas socialistas del Partido Comunista Chino (PCC) y se alienaría por completo a los intereses de Washington.

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El ascenso de China no es un contratiempo coyuntural para Estados Unidos, inclusive independientemente de quien se encuentre al mando en la Casa Blanca, ya sean demócratas o republicanos, esto trasciende a la dialéctica de clases, estados e imperios. Este ascenso de China es un impedimento pleno al unipolarismo de Estados Unidos y escapa ya del control de Washington, la sola existencia de China lo cambia todo, ya no puede subyugar a las periferias, salvo a través de algunos mecanismos de fuerza, debido a que la gran alternativa propuesta por China permite a todos los países del sur global negociar de nuevas formas con occidente.


Para Estados Unidos un posible colapso de la República Popular de China, similar al de la URSS no parece viable, debido a que China hoy es una amenaza mucho más poderosa en materia económica y militar de lo que alguna vez fue la URSS, ademas un hipotético colapso de China, podría arrastrar también a Estados Unidos debido ya a la mutua dependencia económica y en las cadenas globales de suministro.

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La cumbre de Shanghái celebrada esta semana en Tianjin confirma que el proyecto de multipolaridad no es ya un simple discurso retórico, sino una realidad institucional que toma cada vez más fuerza. La creación de un banco de desarrollo, los compromisos de cooperación tecnológica, militar y energética, así como la construcción de una agenda de gobernanza global alternativa, evidencian que países históricamente relegados al margen de las decisiones internacionales hoy reclaman un papel central en el rediseño del orden mundial. La fotografía de Xi Jinping junto a Vladimir Putin y Narendra Modi sintetiza el peso de esta nueva alianza que busca quebrar la lógica de subordinación a Occidente y plantear un modelo en el que el sur global negocie desde posiciones más equilibradas.


En definitiva, la 25.ª cumbre de la OCS simboliza el avance de un nuevo paradigma internacional en el que la unipolaridad estadounidense deja de ser incuestionable. El surgimiento de un mundo multipolar no sólo redefine las relaciones de poder, sino que abre un debate sobre cómo los Estados pueden cooperar fuera de los marcos impuestos por las viejas potencias. El futuro ya no se proyecta en torno a un solo centro hegemónico, sino a múltiples polos que, con tensiones y contradicciones, avanzan hacia un escenario más plural, en el que los pueblos del sur global vislumbran la posibilidad de emanciparse de la tutela imperial y construir una nueva arquitectura internacional.

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